VIERNES SANTO 2017

REFLEXIONES SEMANALES

Aquí lo tenéis. Aquí está Jesús, para ser crucificado. Son palabras de Pilato, que ha mandado azotar a Jesús, a pesar de que no ha encontrado ningún delito por el que acusarle, y menos aún, crucificarle. Pero, como sabemos, se lavará las manos_ y cederá ante las presiones de los sacerdotes y del pueblo, levantado a gritos por ellos. Aquí está el Rey de los judíos, el hijo de Dios. Son las dos acusaciones (política y religiosa) por las que es condenado. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Hoy, en esta celebración del Viernes Santo, contemplamos a Jesús en su pasión y muerte.
La Pasión es el encuentro más impresionante entre Dios y la humanidad, es un encuentro entre Dios y cada uno de nosotros. Contemplar la Pasión es un ejercicio de silencio en humildad; de silencio ante tanto ruido externo; de silencio contra tanta frivolidad, y tanta burla, como la que mostró Herodes al Señor; de silencio que convierte el dolor por nuestros pecados en amor salvador y siempre misericordioso… Contemplar la Pasión es ese ejercicio de silencio admirado por sabernos amados, por saber que, para Alguien que es Dios mismo, yo soy muy importante y valgo hasta el extremo de dar la vida por mí.
Jesús tiene pasión por el hombre débil, debilitado por el pecado, necesitado de liberación y redención: son las razones de la pasión, que humanamente no tiene razón ni por qué.
La cruz no se entiende humanamente porque no se puede entender que Dios muera por el hombre. Sin embargo, ahí está. Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor, decimos. Perdonar nuestros pecados, a Cristo, le ha costado su sangre. Y eso, pensado y meditado despacio, nos convierte en testigos y apóstoles, en perdonadores perdonados, llamados a compartir el mismo amor y perdón que Dios nos da en la cruz.
La Pasión, además, es la revelación más clara de un Dios que es amor y que entregó a su propio hijo para la salvación de la humanidad. La Pasión es la mayor historia de solidaridad de Dios con la humanidad. Se encarnó, se hizo nuestro hermano, de nuestra carne y sangre, de nuestra familia. El precio de cada persona lo ha puesto la cruz de Jesús, en la que Cristo expresa su fraternidad universal con todos los hombres, con todas las personas. Nadie ha hecho tanto por nosotros.
Contemplamos a Jesús en una noche muy dura, la más dura de su vida. Hoy es día para mirar la Pasión de Cristo sin prisas, sin sentimentalismos, sin concesiones al patetismo. Es día para leer despacio este evangelio.
Pero la Pasión de Cristo no termina hoy ya que cerca de nosotros Jesús sigue sufriendo en tantos hermanos nuestros que sufren, que se convierten en _estaciones vivas del Vía Crucis de hoy. A ellos somos enviados como testigos del amor más grande, para que encuentren en la cruz de Jesús (y también en nosotros) la fortaleza para sobrellevar sus sufrimientos.
Que Maria Stma, Ntra Sra y Madre que tiene Gran Poder para indicarnos el camino hacia su Hijo, nos ayude a venerar la Cruz con agradecimiento a Jesús por su entrega y por tanto amor como el nos muestra, haciendo también nosotros el propósito de aliviar las cruces que vemos cargadas en los hombros de tantos hermanos nuestros.

Un hermano

Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Misericordia. Stmo. Cristo de Ánimas y Ntra. Sra. del Gran Poder y San Juan de Dios.

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