TRONO VIRGEN DEL GRAN PODER

– Adrián Risueño (1940) –

En la madrugada del 12 de Mayo de 1931, un grupo de desalmados atacó la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen del Perchel. En ella, estaba guardado desmontado el magnífico trono realizado por el artista valenciano Pío Mollar, que la cofradía había estrenado en 1925 y que fue destruido totalmente junto con el resto de los enseres procesionales. Desde que se produjo el destructivo asalto, la situación de la cofradía para volver a procesionar se mantuvo en precario. Entre 1931 y 1936, se realizaron algunas compras[1], pero ni las condiciones económicas de la cofradía, ni la situación política del momento, ayudaron a restablecer pronto el procesionar de nuevo por las calles. Sin embargo, la vida interna de la cofradía continuó. Por razones obvias, se paralizaron los cultos, hasta que se procedió a una mínima restauración de la Iglesia del Carmen, y de nuestra Capilla, procediéndose a una mínima decoración de los elementos imprescindibles para restablecer dicho culto.

La vida de la cofradía no se paralizó. Obviamente, las reuniones de hermanos se realizaron en casas particulares, locales comerciales o establecimientos hosteleros, pero no llegaron nunca a paralizarse. Y así, hasta que llegó el año 1936. En el mes de julio de ese año, los militares encabezaron una sublevación militar contra la república que pronto se convirtió en una trágica guerra civil que duró 3 largos años. Con el fracaso del levantamiento militar en la ciudad de Málaga, vino la requisa por parte de los republicanos, de la mayor parte de las iglesias que estaban abiertas al culto, que fueron reconvertidas en su mayoría en garajes de automóviles o motocicletas, talleres, almacenes de víveres, o depósitos de milicias obreras. Ello llevó aparejado –de nuevo- la pérdida de los escasos elementos decorativos y de culto repuestos desde 1931.

El 8 de febrero de 1938, las fuerzas militares sublevadas conquistaron la ciudad de Málaga para los nacionales. A partir de su llegada, fueron devueltas a las instituciones religiosas sus antiguas posesiones. La iglesia del Carmen, devuelta al Obispado, fue abierta a los fieles, y se procedió a una limpieza general en la que colaboraron numerosos vecinos del barrio y se procedió a una nueva restauración de los elementos básicos para el restablecimiento del culto. La cofradía de la Misericordia, inició de inmediato los esfuerzos para volver a procesionar de nuevo, entre ellos, la compra de un nuevo trono para la Stma. Virgen (única Titular de que disponía la cofradía). En 1939 fue imposible realizar la estación penitencial. Faltaban los elementos necesarios, y aunque la ilusión era mucha, hubo que desistir en el empeño.

La Cofradía de la Misericordia tuvo que esperar a 1940 para proceder a la compra de un trono para la Virgen. Sin embargo, aunque la guerra había terminado, no era fácil en la cuaresma de 1940 buscar a un artista que lo construyera. Faltaban hasta incluso las maderas de calidad necesarias para llevarlo a cabo. La situación social y económica era desesperada en la postguerra, y los recursos disponibles eran escasos. Y era así en la totalidad de las hermandades, salvo en aquellas que habían tenido la suerte de poder conservar algo.

Por ello, la cofradía de la Misericordia se puso de acuerdo con la cofradía del Rico, para comprar a medias entre las dos, el trono que Adrián Risueño había dirigido en su construcción para procesionar en el año 1939 al Cristo Mutilado. Habían llegado a sus oídos, que la cofradía del Mutilado tenía en proyecto estrenar un trono nuevo en 1940 para su imagen, por lo que iban a proceder a la venta del que estrenaron y usaron por primera y última vez en 1939. Con el trono, también se adquirió –procedente también de la cofradía del Mutilado- unas pequeñas andas de traslado elaboradas en madera[2].

Se trataba de un trono de pequeñas dimensiones, y un mérito artístico más bien escaso. Las maderas para su realización fueron donadas por las casas comerciales Taillefer, Alpera y Ojeda[3]. Su pequeño cajillo rectangular, ofrecía un claro aspecto de provisionalidad, con sus frentes lisos en madera de caoba oscura un tanto lúgubre, destacando tan solo una gran cartela en el frontal con el escudo de España. Con el Mutilado en 1939, llevó cuatro blandones con cirios rojos colocados en las esquinas.

Dadas las dificultades económicas de las dos cofradías de El Rico y de la Misericordia, no fue especialmente difícil ponerse de acuerdo en la financiación de la compra. Todos eran conscientes de lo que suponía una compra a medias del trono, las complicaciones a nivel organizativo que conllevaba semejante decisión (El Rico salía en procesión el miércoles y la Misericordia el Jueves). No obstante, la ilusión por procesionar en ambas cofradías allanó el camino. Y a pesar de que las perspectivas para la Misericordia de adquirir un trono en solitario eran buenas, la Junta de Gobierno ante la duda, se decidió por la compra a medias con El Rico del pequeño trono en el que había sido procesionado el Mutilado el año anterior.

Se pagó por él, un importe total de 3.000 pesetas[4]. La mitad cada cofradía. Y nada más efectuar su compra, se le efectuaron unos determinados cambios encaminados a mejorar la estética del conjunto. Las dimensiones permanecieron inalterables, así como las cuatro volutas talladas en las esquinas del cajillo y la cornisa tallada del mismo. Igualmente, se mantuvo el escudo nacional en el centro del frontal del cajillo. El cambio más importante fue la sustitución de los paños de madera de caoba de éste, por otros de fondo más claro con decorativas barras verticales, lo que restó gravedad y oscuridad al trono. Igualmente, se sustituyeron los cuatro blandones rojos de las esquinas del trono, por sendos candelabros de acetileno de un tamaño muy respetable y gran verticalidad. Cuatro varales de madera, una modesta candelería, y un proporcionado adorno floral completaban el conjunto, que por otra parte, nunca dispuso de palio.

El objetivo que se habían marcado ambas corporaciones nazarenas de procesionar en 1940 se pudo hacer realidad. Como curiosidad, es necesario precisar que en el contrato de compra firmado por las tres partes, se especifica de antemano que la Cofradía del Rico lo usaría el Miércoles Santo, y la Misericordia el Jueves Santo. Pero si lloviese en aquellos días y las dos cofradías tuviesen que procesionar la misma jornada, se efectuaría un sorteo. Una de las hermandades usaría el trono y la otra las andas, “bien entendido que se han de adornar y acoplar las dos cosas a la vez en prevención de dicha incidencia”[5]. Las reformas necesarias en el trono y en las andas, se cifraron en un total de 900 pesetas[6], además de afrontar para ambos unos gastos de decoración de flores cifrados en 150 pesetas entre las dos[7].

Ambas cofradías estuvieron de acuerdo en que se harían responsables de cuantos gastos se generaran de su uso y reformas, “así como que ambas serían responsables de su venta a partes iguales, si así se acordara en su día, para cuyo efecto y como contrato acreditativo de ese convenio se queda la Hermandad del Rico con copia certificada de este acuerdo y nosotros con la de ellos, bien entendido que en dichas actas se reflejan las condiciones de todo lo concerniente a este asunto, y que sin estar de acuerdo las dos, no se podrán tomar determinaciones algunas. Las facturas que origine la compra de materiales y otros, se harán a mitad, y los justificantes mitad por mitad, obraran en poder de las respectivas cofradías a los efectos de salvar cada cofradía su responsabilidad que este asunto nos impone a ambas cofradías como directivos de la misma; así se acuerda trasladar copia literal de este acuerdo a dichas hermandades y recoger copia de ellos…”[8].

A tenor de lo publicado en la prensa de la época, la Misericordia realizó en el año 1940 una estación penitencial exitosa, llamando la atención del público el alto número de participantes, y el orden y seriedad de los mismos. Los enseres procesionados eran escasos y de poca entidad artística –muchos de ellos prestados- pero la ilusión era grande, y esto hizo que se superaran no pocas dificultades, sobre todo económicas.

Sin embargo, no duró mucho el antes expuesto acuerdo de comprar el trono a medias, pues aunque la experiencia resultó beneficiosa para ambas cofradías, en la Misericordia surgió de pronto un elemento con el que nadie contaba: uno de sus hermanos, el farmacéutico don Eduardo Garnica, se ofreció a regalarle para 1941 un trono nuevo a la Stma. Virgen del Gran Poder. Y esto hizo que inmediatamente, se decidiese poner en venta nuestra media mitad de este trono a la cofradía del Rico, por un precio de 1.500 pesetas, que era lo que nosotros habíamos pagado de él[9], en cómodos plazos mensuales de 100 pesetas[10].

Con fecha 1 de Marzo de 1941, se acuerda en Junta de Gobierno de nuestra cofradía, atender la petición de la cofradía del Rico, de una rebaja de 500 pesetas en el precio fijado inicialmente por nosotros de nuestra mitad del trono, en atención a las condiciones de deterioro en el que -según ellos- se lo habíamos entregado tras el desfile procesional. Así se acordó. Aunque nuestra cofradía aún tardaría bastantes meses en cobrar la totalidad de lo que se nos adeudaba. Las dificultades económicas eran iguales para todas las corporaciones, y la del Rico estaba en una situación económica tan crítica como la nuestra. Hasta finales de 1942, no cobraríamos la totalidad de lo pactado.

El pequeño trono que un día dirigiera en su construcción el afamado escultor Adrián Risueño, no duró mucho en la Misericordia, pero marcó un hito histórico que lo hace especial. Supuso tener la posibilidad de volver a procesionar de nuevo por las calles de Málaga a nuestra Sagrada Titular, en unos momentos históricos delicados y muy difíciles. Solo llevó a nuestra Señora un año, pero tal vez por ello, no debemos olvidarlo, pues escribió por tal hecho, una página imborrable en la historia de nuestro patrimonio.

1 Dichas compras fueron fundamentalmente de enseres textiles (200 equipos para nazarenos, varios equipos para cargos procesionales, y algunas banderas), tal vez porque fueron las más fáciles de conseguir por su menor coste, o porque las suministraron hermanos o simpatizantes de la cofradía que estaban en los negocios textiles. En cualquier caso, fue muy poca cosa lo que se adquirió. Nunca alcanzó lo mínimo imprescindible para volver a procesionar por las calles de la ciudad hasta 1940.
2 Acta de Junta de Gobierno de la Misericordia de fecha 27 de Enero de 1940. Archivo de la Misericordia. Libro de Actas nº 1, p. 43.
3 Clavijo García, Agustín. La Semana Santa malagueña en su iconografía desaparecida. Contenido en: Semana Santa en Málaga. T. II. Málaga, Arguval, 1987; p. 241.
4 Acta de Junta de Gobierno de fecha 15 de Octubre de 1940. Archivo de la Misericordia. Colección de Actas. Libro nº 1, p. 71.
5 Acta de Junta de Gobierno de la Misericordia de fecha 27 de Enero de 1940. Archivo de la Misericordia. Colección de Actas. Libro nº 1, p. 43.
6 Acta de Junta de Gobierno de la Misericordia de fecha 17 de Febrero de 1940. Archivo de la Misericordia. Colección de Actas. Libro nº 1, p. 49.
7 Acta de Junta de Gobierno de la Misericordia de fecha 6 de Abril de 1940. Archivo de la Misericordia. Colección de Actas. Libro nº 1, p. 57.
8 Acta de Junta de Gobierno de la Misericordia de fecha 27 de Enero de 1940. Archivo de la Misericordia. Colección de Actas. Libro nº 1, p. 43.
9 Acta de Cabildo General de la Misericordia de fecha 19 de Septiembre de 1940. Archivo de la Misericordia. Colección de Actas. Libro nº 1. p. 68.
10 Acta de Junta de Gobierno de la Misericordia de fecha 15 de Octubre de 1940. Archivo de la Misericordia. Colección de Actas. Libro nº 1. p. 71.

 

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