Ntra. Sra. del GRAN PODER

REFLEXIONES SEMANALES

Contemplar a la imagen de  Ntra. Sra. del Gran Poder es sentir en nuestras entrañas la compasión, la bondad y el amor unidos en un rostro que, con tanta perfección y belleza, nos conduce a la misericordia y a la ternura. Un rostro que no brinda otra cosa sino amor, un amor que se dona y ofrece gratuitamente que habla de misericordia; una expresión la de nuestra Madre que se encuentra llena de compasión.
A Ntra. Sra. del Gran Poder  nos acogemos todos los días. Bajo su manto depositamos nuestras vidas; en sus manos aferramos las nuestras; con su trono -todos los Jueves Santos- se elevan nuestras suplicas, acompaña nuestra acción de gracias y camina nuestra vida. Cada devoto, cada hermano, cada nazareno, cada portador, todo malagueño la aclama con fervor y la venera como excelsa Protectora, al mismo tiempo que le confiamos las ilusiones y proyectos de esta gran familia de misericordiosos que se siente unida, más que nunca, en torno a la imagen querida y entrañable de Ntra. Sra. del Gran Poder.
Todos los días volvemos nuestra mirada hacia Ella para contemplar su figura y venerar su vida que para la Iglesia es siempre modelo a imitar y camino que nos lleva a Cristo. Todos los días ante su presencia queremos fortalecer nuestra fe. Todos los días insistimos en querer ser buenos cristianos, buenos hijos suyos, buenos hermanos cofrades.
Todos los Jueves Santos nos emociona el toque de la campana que llama a los portadores a su puesto y, al aparecer su imagen atravesando la puerta de la casa hermandad, sentimos una mezcla de emoción y orgullo. Todos los Jueves Santos experimentamos un sentimiento contradictorio entre el afecto y el sosiego, la alegría y el llanto cuando nuestra Madre llega a su casa y entre el canto de los hermanos y la oración de todos, bendice a su barrio antes de volver a entrar en su casa, en su capilla…
La Virgen fue testigo privilegiado de la pasión del Señor, acompañó a su Hijo camino del patíbulo, sufrió con las caídas de su Hijo con la cruz a cuestas y con Él se encontraba en el momento sublime en que Jesús “entregó el espíritu”, haciéndola así portadora maternal de esperanza de salvación para todos los hombres.
Apoyada en la Palabra de Dios siempre confió en El. Nada hay imposible para Dios. Ella nos invita a caminar con la mirada del corazón puesta en el cielo y nos enseña siempre a hacer la voluntad de Aquel *cuya misericordia llega a sus fieles* de generación en generación.
Al ver a nuestra Madre recordemos que tenemos por delante la hermosa tarea de difundir el amor y la devoción a la _Ntra. Sra. del Gran Poder_: una meta que justifica sobradamente el esfuerzo del camino que, junto a Ella, siempre recorremos.
Que la Virgen en todo tiempo nos anime, conforte y acompañe.

 

Un hermano

Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Misericordia. Stmo. Cristo de Ánimas y Ntra. Sra. del Gran Poder y San Juan de Dios.

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