LA SEMANA DEL AMOR DE DIOS

REFLEXIONES SEMANANES

Todo en la semana Santa nos habla de una historia de amor: El amor por parte del Hijo de Dios a su Padre y a sus hermanos los hombres. Bien podríamos llamar a la Semana Santa, la semana del amor de Dios. Es la historia de Dios nos ama de tal manera que no ha escatimado nada con tal de salvarnos.

Bienaventurados los misericordiosos: Señor, frecuentemente he pedido y he recibido a la ligera tu misericordia, ¡sin darme cuenta de a qué precio me la has procurado! A menudo he sido el siervo perdonado que no sabe perdonar: ¡Kyrie eleison! ¡Señor, ten piedad!_

Hay una gracia especial cuando no es sólo el individuo, sino toda la comunidad la que se pone ante Dios en esta actitud penitencial. De una experiencia profunda de la misericordia de Dios se sale renovados y llenos de esperanza: Dios, rico de misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo (Ef 2, 4-5).

La Cuaresma y la semana Santa, especialmente ésta última, han de ser para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que también nosotros cada día debemos volver a dar al prójimo. Así es la misericordia, la forma que el amor de Dios toma ante el hombre pecador: tras haber tenido esta experiencia, debemos, a nuestra vez, mostrarla con los hermanos. Ello tanto en el nivel de la comunidad eclesial como en el nivel personal.

Los católicos deberíamos convertirnos en unos brazos abiertos llenos de compasión y comprensión por todos los sufrimientos de la humanidad, unas manos tendidas al consuelo.

Cristo no hace trivial el pecado. Le da la importancia negativa que tiene pero encuentra el modo de _no alejar jamás_ a los pecadores, sino más bien de atraerlos hacia sí. No ve en ellos sólo lo que son, sino aquello en lo que se pueden convertir si son tocados por la misericordia divina en lo profundo de su miseria y desesperación. No espera a que acudan a Él; frecuentemente es Él quien va a buscarles.

Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia  (Col 3, 12). Misericordia; una palabra compuesta, a su vez, por otras dos: misereo y cor; es decir, conmoverse del sufrimiento en el propio corazón. _Mi corazón está en mí conmovido, y a la vez se estremecen mis entrañas (Os 11,8). Se trata de reaccionar con el perdón y, hasta donde es posible, con la excusa, no con la condena.

Procuremos identificar, en nuestras relaciones con los demás, la que parezca más necesitada de recibir el ungüento de la misericordia y de la reconciliación, y volquémoslo silenciosamente, con abundancia, por la Pascua. Vivamos la Vigilia Pascual del Sábado Santo como la festividad mayor de toda la vida cristiana y resucitemos con Cristo a una nueva vida, hasta que Él nos llame a poseer esa vida de resucitados definitivamente con Él en el cielo. Vivamos su muerte y su resurrección y seamos testigos para los demás del amor de Cristo al mundo y al hombre.

Digamos con nuestra vida a los que no creen y se empeñan en proclamarlo, que Dios está presente en nuestras vidas, que el hijo de Dios se entrega por amor al hombre y que Dios Padre resucitando a Cristo, le ha constituido Señor y _le ha concedido el nombre sobre todo nombre, de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre.

Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Misericordia. Stmo. Cristo de Ánimas y Ntra. Sra. del Gran Poder y San Juan de Dios.

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