LA FE Y LA PARROQUIA

REFLEXIONES SEMANALES

El don del Espíritu para vivir la fidelidad al Evangelio cobra un relieve especial en nuestra sociedad plural, moderna, rica, profundamente secularizada y ordenada como un estado democrático de derecho, que, por principio, es aconfesional y laico. Por eso, vivir y comunicar el Evangelio hoy implica forjar nuestro espíritu en el ejercicio del discernimiento y de la vigilancia para mantener firme el rumbo de la fidelidad radical a Dios y al prójimo.

Como se viene insistiendo en la Parroquia, a lo largo de muchos años, hemos de vivir nuestra fe no sólo en nuestros quehaceres cotidianos, sino también en comunidad. Este modo imprescindible de dejarse guiar por el Espíritu es especialmente necesario en nuestro tiempo. ¿Cómo, si no, evitar ser envueltos y tragados por la fuerza de una sociedad que se siente triunfadora? Sin negar las distintas formas de seguimiento y los distintos acentos de cada vocación, *ninguno de nosotros puede vivir su fe por libre*, de modo exclusivamente individual. Toda vocación necesita la experiencia de la comunidad en la que se enraíza, se encuadra y da fruto. Esa experiencia comunitaria para nosotros se concreta en la Parroquia.

Fundada sobre los apóstoles, la Iglesia universal se realiza en cada Diócesis llamada a vivir en comunión con todas las demás, bajo el primado de Pedro y sus sucesores. Dentro de cada Diócesis, *la Parroquia tiene vocación de ser comunidad de comunidades*; es una realidad insustituible para vivir la dimensión comunitaria constitutiva del seguimiento de Jesús.

_Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno_. (Hch, 2, 42. 44-45)

En este breve pasaje se resume por entero la vida de toda comunidad cristiana: _escuchar y anunciar la Buena Noticia, celebrarla, ejercitarla en la práctica de la caridad, y vivir la comunión_. Estos rasgos cobran un significado especial en la comunidad parroquial: en la Parroquia se vive la diversidad que nos abre más allá de los límites naturales o de afinidad personal, social o vocacional que caracterizan a otras comunidades o a las distintas asociaciones o movimientos apostólicos.

Sólo en comunión podemos vivir nuestra propia vocación al seguimiento purificada de las limitaciones características de los quereres, modos de pensamiento, posición social, cualidades e inclinaciones de cada cual. Esta comunión tiene dos dimensiones que se exigen y complementan entre sí: la espiritual y la material.

La *espiritual*nos hace vivir la experiencia de nuestra unión radical con Dios y con los demás, por encima de diferencias y ambigüedades, a la vez como un don y como una promesa. La *material* nos conduce a compartir con los demás todo lo que somos y tenemos, porque todos lo hemos recibido todo de Dios.

La comunidad parroquial está llamada a ser constante en la escucha de _la enseñanza de los apóstoles_ siempre bajo la guía del obispo diocesano como sucesor de los apóstoles. Viviendo intensamente _fracción del pan_, centrando la importancia capital de la eucaristía y de su celebración dominical, y sin que ninguna circunstancia particular nos haga olvidar o distorsionar la importancia de la celebración eucarística parroquial. La Parroquia es el ámbito normal y adecuado de la vida sacramental que nos garantiza que podamos superar la tentación del individualismo de la gracia, ya que centra la efusión del Espíritu en el ámbito de toda la comunidad, representada en la Parroquia.

La comunidad parroquial, con sus alegrías y penas, luces y sombras, fortalezas y debilidades, esperanzas y frustraciones, siempre camina por la vía de purificación y discernimiento para seguir a Jesús como tal comunidad. La comunidad parroquial, vive su *tiempo cuaresmal*.

Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Misericordia. Stmo. Cristo de Ánimas y Ntra. Sra. del Gran Poder y San Juan de Dios.

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