HEMOS COMENZADO EL TIEMPO PASCUAL

REFLEXIONES SEMANALES

Hace algunas semanas que hemos comenzado el Tiempo Pascual y una de las notas características de este período es la alegría: Jesús deja, como resultado de su victoria sobre la muerte, una gran alegría. Ésta ha de ser una de las notas características de la vida del cristiano. Pero, ¿cómo es esa alegría?

En realidad, todo el Nuevo Testamento rezuma alegría: la misma palabra evangelio (Mc 1, 1) significa buena noticia; la vida de Jesús comienza con un: ¡Alégrate!, que dice el ángel a María (Lc 1, 28); continúa con la gran alegría de los pastores de Belén (Lc 2, 10) y la  inmensa alegría de los magos (Mt 2, 10); años más tarde, durante la vida pública, el Maestro dirá a sus discípulos alegraos y regocijaos  (Mt 5, 12) incluso en las persecuciones; hablará tres veces seguidas de la alegría del pastor que encuentra la oveja perdida, de la mujer que halla la moneda y del padre que puede abrazar de nuevo a sus dos hijos en un banquete improvisado (Lc 15)…, así hasta el gran gozo  de las mujeres ante el sepulcro (Mt 28,2) y la  alegría  de los discípulos al ver al Señor resucitado (Jn 20, 20).

Y en los textos que no son evangélicos se insiste, como una constante, por medio de San Pablo: Estad alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres… (Fil 4, 4-5);  Dios ama a quien da con alegría_ (2Cor 9, 7), el que hace obras de misericordia, las lleve a cabo con alegría (Rom 12, 8)

Como vemos, la alegría que no significa superficialidad, ni no darse cuenta de los problemas; no significa sonreír a toda costa… Es algo más serio, más profundo, que va más allá de las apariencias externas, que nace de dentro.
La razón profunda es que en Cristo muerto, sí, *pero resucitado, Dios ha dicho su “sí” definitivo a nuestra vida* (2Cor 1, 20). Y quienes hemos recibido la alegría del don de la fe nos atrevemos a decir con *gratitud* (porque no lo hemos merecido), con *humildad* (convencidos de nuestra fragilidad), pero también con *decisión* (porque esperamos en Él más que en nosotros) que  sabemos de quien nos hemos fiado_ (2Tim 1, 12).

La paz y el gozo de la unidad y la comunión son uno de los signos del Reino de Dios, pero la alegría de vivir, aun en medio de las dificultades del camino humano y espiritual y de las tristezas cotidianas, forma ya parte del Reino. Esta alegría, que es fruto del Espíritu, abarca la sencillez de la existencia. Una comunidad sin alegría es una comunidad que se apaga porque, tarde o temprano, sus miembros se verán tentados a buscar en otra parte lo que no pueden encontrar en su casa. Por eso hemos de vivir alegres, debemos ser testigos de la alegría Pascual y este testimonio de alegría suscitará un enorme atractivo en nuestro entorno, entre esas personas que buscan y no encuentran, que quieren ver y no ven, que vienen a nuestra casa (nuestra vida, nuestra parroquia) y no se quedan.

La alegría es un espléndido testimonio de la dimensión evangélica de cristiano y cualquier grupo de cristianos. Es fundamental en la vida de nuestra Parroquia. La alegría es la meta de un camino no exento de tribulación, pero posible, porque está sostenido por la oración: _Alegres en la esperanza, fuertes en la tribulación, perseverantes en la oración  (Rom 12, 12).

Por eso recemos siempre:  Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero (oración del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario)

Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Misericordia. Stmo. Cristo de Ánimas y Ntra. Sra. del Gran Poder y San Juan de Dios.

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