Domingo 5º T. Ordinario

“Así dado el Señor:
Parte tu pan con el hambriento, un Hospeda los Pobres sin techo, viste al desnudo Que ves, y no te cierres a tu carne propia. Then romperá tu luz Como la aurora, en SEGUIDA te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, Detrás Irá La Gloria del Señor. Then clamarás al Señor, responderá y Te; gritarás, y te dira: “Aquí estoy”. CUANDO destierres de ti la Opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, Cuando Partas tu pan con el hambriento Y sacies el estomago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se Volverá Mediodía “.
Isaías 58, 7-10
Hoy nos hacemos una pregunta: ¿dónde hace falta ser sal o luz? ¿Dónde hago falta yo? ¿Dónde hace falta mi amor y mi fe? Nuestro mundo los necesita, nos necesita, necesita a los catolicos presentes en la sociedad sin perder nuestra identidad cristiana, sin esconder nuestra condición de seguidores de Jesús. Si nos conformamos con ser cristianos solo aquí, dentro del Templo, y no en nuestras Cofradías o en nuestras casas y trabajos, dejaremos de ser la luz del mundo. Si reducimos nuestra fe al “salero de lo más privado de vida privada”, seremos una sal que ya no da gusto…, que no sirve y nadie quiere.
Releamos al profeta Isaías, que nos da pistas en la primera lectura para ser “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”, para poner amor y fe en cada momento de nuestra vida. El profeta en este precioso texto nos habla de la compasión y de la justicia misericordiosa como condición indispensable para vivir en la luz del Señor: Dios está donde hay un hombre y una mujer que sufre; Dios ha hecho una clara opción preferencial por el pobre y el abatido.
La luz de los verdaderos cristianos, su práctica de una justicia generosa y misericordiosa, debe iluminar a la sociedad en la que vivimos. ¿Nos distinguimos precisamente, los cristianos, dentro de nuestra sociedad por ser personas especialmente generosas, misericordiosas y justas, tal como nos recuerda hoy el profeta Isaías y tal como practicó y vivió nuestro Señor Jesucristo?, a los cristianos de hoy ¿se nos nota nuestra condición por el amor generoso y desinteresado que tenemos y mostramos en nuestro comportamiento diario, como ocurría en los primeros tiempos del cristianismo según el libro de los Hechos de los Apóstoles? ¿Por qué –frecuentemente- preferimos pasar desapercibidos sin dar color cristiano a tantas situaciones que reclaman nuestra opinión o presencia activa como seguidores de Cristo?
Sólo Cristo es capaz de alumbrar, con luz verdadera, las sombras que se ciernen sobre la humanidad. Sólo Cristo, a través de pequeñas lámparas que son/somos los seres humanos, los cristianos (laicos, sacerdotes, vida consagrada..) comprometidos por su reino, es capaz de ofrecer sabor de eternidad y de felicidad a tantos hombres y mujeres que en el horizonte de sus vidas no ven sino fracaso, hastío o cansancio: ¿Seremos valientes para abrir el salero de nuestra vida cristiana allá donde se están cocinando los destinos de nuestra sociedad?

Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Misericordia. Stmo. Cristo de Ánimas y Ntra. Sra. del Gran Poder y San Juan de Dios.

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