Historia de la Cofradía

Apuntes para la historia X

Ya conocemos los acontecimientos que rodearon la destrucción de todo el patrimonio artístico y religioso de la Misericordia en los aciagos día de mayo de 1931. Y hemos visto brevemente en capítulos anteriores, algunas de las escasas noticias que se conservan acerca de la vida de la hermandad durante los años siguientes, hasta la sublevación del ejército el 18 de julio de 1936 que dio lugar a la guerra civil.

El estado anímico de todos los cofrades malagueños debía de ser desolador. Con la desaparición de casi todas las imágenes y la inmensa mayor parte del patrimonio procesional, no se podía pensar siquiera en volver a sacar procesiones a la calle. No al menos, mientras existiera tal estado de tensión social y política. Ninguna cofradía se podía a exponer a perder lo poco que les quedó después de los asaltos, en una aventura callejera en la que nadie estaba dispuesto a garantizar su seguridad.

El estado de decaimiento era general. Y buena prueba de ello, fue la decisión de D. Antonio Baena –dolido y decepcionado- de abandonar totalmente su actividad en la Agrupación de Cofradías. Así lo hace ver en la reunión del 11 de agosto de 1931, donde les pide a los cofrades que lo releven de su cargo de presidente de la Agrupación “por razones especialísimas”[1]. El anticlericalismo desatado por las autoridades republicanas que tanto afectó a las cofradías, produjo sin embargo un efecto inesperado. No sólo ocurrió en nuestra cofradía, sino que fue muy común en el resto de hermandades de Málaga.

Hay una pregunta que ya tiene respuesta: ¿Qué fue de la iglesia del Carmen después del asalto de mayo de 1931? Según demuestra contundentemente la publicación en la prensa diaria de la ciudad, fue reabierta y puesta de nuevo al culto en cuanto se efectuaron las reparaciones necesarias para abrirla dignamente. Para ello, se buscaron afanosamente fondos económicos con los que realizaran las obras y las compras necesarias, especialmente entre instituciones o famosos, como es el caso de Casimiro Ortas, una primera figura del género lírico y actor cómico de teatro muy conocido en España y América, que colaboró con la cofradía representando obras teatrales en Málaga a beneficio de ésta, o entregando diversos donativos[2]. Tanta generosidad, fue premiada por la Misericordia con su nombramiento como Hermano Mayor Honorario en 1940[3].

Después de ocurrido las desastrosas destrucciones, y cuando era de esperar que hubiera un retraimiento lógico después de lo ocurrido, sucedió algo inexplicable y muy poco estudiado hasta ahora: la masiva incorporación de jóvenes malagueños a las cofradías entonces existentes. Si; efectivamente, contra todo pronóstico, en vez de retirarse, parece que la brutalidad de aquel asalto despertó la conciencia dormida de centenares de jóvenes cristianos malagueños que entre los años 1931 y 1935, se incorporaron al mundo cofrade. La inmensa mayoría de ellos, tenían en común su extrema juventud y un evidente compromiso, que pronto se hizo constatable en cuanto llegó la siguiente gran prueba para todos ellos: la guerra civil; y que volvió a ser demostrado cuando en la dura postguerra tomaron las riendas de la cofradía de la Misericordia y fueron capaces de sacarla adelante.

No hay más que observar la composición de la Junta de Gobierno de la cofradía elegida en 1935[4], para darse cuenta de la extensa nómina de hermanos –entonces muy jóvenes- que ya estaban incorporados en tareas directivas de la hermandad. Entre un núcleo central de veteranos con experiencia (D. José López Merino, D. Manuel y D. Antonio Salinas Becerra, D. Manuel Ortiz Granados, D. José del Olmo Quesada, D. José Peláez Ripoll) se incorporaron otros hermanos tan conocidos como D. Juan García Ramírez de Arellano y su hermano D. Joaquín, D. Juan Pérez Bernedo y su hermano D. Miguel…, D. Justo López Crespo…, D. Sebastián Peláez Ripoll y su hermano D. Eduardo…, D. Antonio Somé Méndez…, D. Francisco Naranjo…, D. Adrián Millán Quiles… y otros ; a los que un poco más tarde se incorporaron otros como D. Félix Carmena Ruiz (1937), el doctor D. Diego Carrillo Cassaux (1936), D. Matías Merino Padilla (1938), D. Manuel Pérez-Bryan López (1938), y D. José Tirado Romero (1948).

No es casual que personas tan importantes para el futuro inmediato y posterior de la Misericordia, se incorporaran en masa tras los asaltos y destrucciones de mayo del año 1931. Aquellos que con aquellos asaltos pensaron en aniquilar el movimiento cofrade en Málaga, les salió el tiro por la culata, y lo que consiguieron fue el efecto totalmente contrario: permitir la incorporación masiva de gente joven que renovaron el anquilosado tejido social de las hermandades, y les dotó de nuevos empujes. Un empuje que sería trascendental pocos años después. En este período histórico (1931-1935), se incorporaron casi todos los dirigentes que la Misericordia tuvo en los siguientes 50 años.

Sin embargo, una vez más, aquellos cofrades no se dieron por vencidos. En silencio y sin desmayo, volvieron a poner manos a la tarea de reconstrucción de todo lo perdido. Había mucho miedo a que se reprodujeran los asaltos y las destrucciones. Por ello, no pocos cofrades eran partidarios de esperar a mejores tiempos. Otros sin embargo, se impusieron como mayoría a la minoría recalcitrante, y empezaron por recomponer lo más fácil, barato y de lo que más existencia había: bastones, textiles y tejidos. No sabemos si se compraron las telas y se elaboraron por los hermanos, o si se adquirieron directamente ya confeccionados, pero lo cierto es que se adquirieron 200 equipos de nazarenos (100 para cada sección de Cristo y Virgen), así como 22 bastones (diez para la sección del Cristo y doce para la de la Virgen) y dos banderas (una para cada sección)5. Sin embargo, la tarea más importante de éste período, fue la primera restauración del Nazareno de la Misericordia. Un trabajo que –como ya sabemos por artículos anteriores- fue encargado al escultor malagueño afincado en Granada José Navas Parejo[6].

Sin embargo, todo se truncó con el estallido de la Guerra Civil. La iglesia del Carmen fue una de las asaltadas por las milicias republicanas los días siguientes a la sublevación de los militares7, y lo poco que se había adquirido volvió a perderse otra vez, incluyendo –por segunda vez- la imagen de nuestro Nazareno.

Poco o nada sabemos de los que fueron los últimos dirigentes de la cofradía, entre ellos, el que fuera Hermano Mayor D. Juan Romero Cazorla, desde que tomara posesión del cargo el 25 de Noviembre de 1930 en la Agrupación de Cofradías8. Es extraño que su nombre no vuelva a parecer en ninguna de las juntas de gobierno de los años posteriores. O murió por aquel entonces, o se marchó de la ciudad definitivamente, porque su nombre no vuelve a parecer nunca más.

Es de imaginar, que siendo como eran muy conocidos la mayoría de los cofrades de la ciudad, se extendiese entre ellos el temor a ser denunciados y detenidos por la patrullas de milicianos que campaban por sus respetos en la ciudad de Málaga en los meses iniciales de la guerra, tal como lo fueron otros. Muchos cofrades cayeron bajo los disparos de las milicias republicanas, entre otros: D. Antonio Baena Gómez, ex-Hermano Mayor de La Sangre; D. Emilio Hermida Rodríguez, Hermano Mayor de El Rico; D. José Pérez Asensio9 Hermano Mayor de la Hermandad de El Carmen y Delegado en Málaga de la Compañía naviera Transmediterránea, persona muy cercana a la Misericordia por razones de vecindad de sede canónica.

No obstante, la pérdida más traumática de la Cofradía de la Misericordia, fue la de la violenta muerte del que había sido durante muchos años el Presidente Nato y Director Espiritual de la cofradía y Párroco de la iglesia del Carmen: el Rvdo. Padre D. José Campaña Herrero. Debido a la destrucción de la vivienda del párroco del Carmen llevada a cabo en el 1931, este sacerdote se encontraba hospedado en el Hotel La Perla de calle Martínez. Allí fue reconocido el 24 de julio de 1936 por una patrulla de milicianos que se lo llevó inmediatamente detenido. Lo llevaron a las cercanías del Arroyo de las Cañas, donde lo asesinaron[10].

La noticia de aquella muerte, cayó como una losa en el barrio del Perchel, donde el sacerdote era muy querido. Había nacido en la localidad malagueña de Cuevas de San Marcos en 1886, y fue cura de Alozaina, Coadjutor de Santo Domingo en Málaga, y posteriormente párroco de la Iglesia de San Pedro y Nuestra Señora del Carmen (que por aquel entonces era el nombre oficial de la iglesia del Carmen). Allí, llevaba ya muchos años, con una especial entrega hacia los más pobres y desfavorecidos del barrio. Nada de aquello le sirvió para salvar su vida. Murió con 50 años, en unas circunstancias tan trágicas como injustas para todos los que lo conocieron y reconocieron su extraordinaria labor.

Y ¿Qué ocurrió con la iglesia del carmen durante el dominio republicano de la ciudad? Diversos testimonios orales contradictorios nos dicen algo al respecto. Algunos cuentan que fue convertida en un taller de motocicletas de la FAI. (Federación Anarquista Ibérica); otros, que se convirtió en un almacén de abastecimientos, herramientas y armas por las milicias de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Sin embargo, algunos vecinos del barrio del perchel –que eran los que vivían más cerca de la iglesia- defienden que ésta estuvo cerrada a cal y canto, y que en ningún momento estuvo protegida por dichas citadas milicias anarquistas, ni en ella se llevó a cabo ninguna actividad de trasiego de género, vehículos o visitantes que dichas actividades hubiesen producido. Así que lo más probable, es que la iglesia permaneciese cerrada aquellos algo más de siete meses.

En todas las guerras se producen víctimas inocentes. También en aquella. En los dos bandos. Porque cuando un conflicto tan cruel como una guerra civil se desata, es difícil…, muy difícil establecer límites a la ferocidad, la envidia, el odio o la delación. Una acción, provoca una reacción; y a ésta, le sigue otra y otra, y otra, en una escalada dolorosa que deja profundas huellas entre los que los que sufrieron o padecieron la violencia. La Cofradía de la Misericordia vivió muy de cerca aquella tragedia. La experimentaron no pocos de sus hermanos y familias.

Muchos de los hermanos de la cofradía, tuvieron que esconderse de las milicias republicanas por el simple hecho de ser cofrades, ir a misa o ser algo conocidos públicamente, lo que les hacía especialmente sospechosos de colaborar con los sublevados. Algunos de ellos, sabiéndose perseguidos, pusieron en peligro sus vidas, pasándose al bando nacional en cuanto pudieron. La mayoría de los hermanos, sin embargo, permanecieron en la ciudad y fueron los que iniciaron de inmediato las tareas reconstructoras en cuanto las tropas nacionales entraron en Málaga el 8 de febrero de 1937.

El 21 de Febrero de 1937, en el Café Paris se reunió el Comité Ejecutivo de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, para iniciar un nuevo camino hacia la reconstrucción11, En nuestra cofradía D. José López Merino, que era el Hermano Mayor desde 1935 dio el primer paso, al frente de lo que entonces se denominó “Comisión Restauradora”. Poco a poco, volvieron a reunirse los hermanos dispersos. La guerra continuaba su curso, y no sólo faltaba de todo, sino que gran parte de los componentes más jóvenes de la hermandad se vieron obligados a marchar para ingresar en las filas combatientes del bando nacional. Ni siquiera se pudo reconstruir la imagen del Cristo en 1938, dado que el escultor Navas Parejo aconsejó a la cofradía esperar a la terminación de la guerra para buscar maderas de calidad, que en aquel momento, no estaban disponibles[12].

Por desgracia, apenas se conservan documentos ni actas de estos convulsos años. Por ello, no podemos saber con seguridad cuando se produjo el relevo de Hermano Mayor, pero lo cierto, es que en el año 1937, se documenta que ya había sido elegido como Hermano Mayor D. Félix Carmena Ruiz. Seguramente el cambio se produciría a raíz de la entrada de las tropas nacionales en nuestra ciudad, y que produjo un cambio sustancial en la vida diaria de los cofrades, que pudieron restablecer sus cultos y reuniones, esta vez protegidos –aunque férreamente controlados- por las nuevas autoridades nacionales.

Por razones obvias, los dirigentes de la cofradía decidieron buscar la protección de los nuevos dirigentes nacionalistas de la ciudad, con el doble objetivo de granjearse un apoyo político necesario y una ayuda económica imprescindible para salir adelante, además de atraer a no pocas familias pudientes de la sociedad malagueña[13]. Para ello, se inició un frenético programa de nombramientos honorarios y diversas distinciones, que fue común en todas las cofradías de Málaga. El 22 de mayo de 1938, se nombraron Camareras Efectivas de la Stma. Virgen del Gran Poder a las señoras doña Josefa Calero de Jurado, doña Mari Pepa Estrada de Pérez-Bryan, doña María del Carmen Mendoza viuda de Lozano, doña Ana del Olmo y doña Carmen Marín de Carmena; el 19 de junio de 1938 a doña Pilar Primo de Rivera; el 14 de mayo de 1939 a doña Carmen Díaz.

Igualmente, y por razones parecidas, el 15 de mayo de 1938 se nombró Camarera de Honor de la Santísima Virgen a la Sección Femenina de Málaga[14]; el 19 de junio de 1938 fueron nombrados Hermanos Mayores Honorarios el Comandante D. Joaquín García-Morato y Castaño (a título particular) y al Ejército del Aire (representada por el Ministro del Aires D. Eduardo González Gallarza); el 4 de diciembre de 1938 fueron nombrados como Hermanos Honorarios del Santísimo Nazareno de la Misericordia los Huérfanos de Guerra, mientras las Huérfanas de Guerra se nombraban Hermanas Honorarias de la Virgen del Gran Poder. En la misma fecha que estos últimos, también se nombró Mayordomo Honorario de la Hermandad a don Calixto haya (hijo del famoso piloto de la Aviación Nacional D. Carlos Haya).

Con el apoyo de todos estos personajes públicos, y el intenso trabajo de los hermanos, se procedió al traslado de nuevo a la iglesia del Carmen de la Santísima Virgen del Gran Poder. Durante el asalto de mayo de 1931, y posteriormente al inicio de la guerra civil, la sagrada imagen fue rescatada por el hermano de la cofradía D. José del Olmo y escondida en su vivienda particular. Allí siguió recibiendo culto en la intimidad por esta familia y un pequeño número de directivos y hermanos que conocían su paradero, mientras permanecía oculta a miradas indiscretas y registros domiciliarios.

Después de la llegada de las tropas nacionales a Málaga, la Virgen fue trasladada a la iglesia de San Pedro, donde se hicieron los preparativos para poder llevarla de nuevo a su sede canónica de la iglesia del Carmen en solemne procesión. Estuvieron presentes en ella la totalidad de los hermanos, numerosas autoridades civiles y militares de Málaga, y no pocos cofrades de la ciudad. En un breve pero emocionante recorrido por las calles del barrio, la sagrada imagen fue escoltada desde la iglesia de San Pedro hasta su casa en el Carmen, entre la emoción de quienes ya la daban por perdida y la emoción de los que con tanto cariño –y riesgo para sus vidas- la habían protegido.

Con este pequeño pero simbólico acto, se cerraba un capítulo trágico en el devenir histórico de la Misericordia. Se cerraba un período turbulento y doloroso que causó una profunda impresión a cuantos les tocó vivirlo. Con la Santísima Virgen de nuevo en su altar y en el seno de la cofradía, los hermanos pudieron ya –por fin- mirar con optimismo al futuro, dado que la sangrienta guerra de dividió a los españoles estaba cercana a su fin. Aún quedaba por delante una dura postguerra, pero eso será materia del siguiente capítulo.

Manuel Molina Gálvez
Archivero-Cronista.

1 Salinas Becerra, Juan José. Antonio Baena Gómez. Constructor de sí mismo. Málaga, Unicaja, dl. 1995;
p. 260.
2 Este actor extremeño nacido en 1880, era una especie de Andrés Pajares de la época. Estuvo vinculado con la Misericordia desde 1934. Murió en Barcelona el 10 de marzo de 1947. Según Acta de Junta de Gobierno de 20 de mayo de 1940 (Libro de Acta Nº 1, página 62), se queda enterado que D. Casimiro Ortas y señora, han entregado a la cofradía un donativo de 960 pesetas.
3 Acta de Junta de Gobierno de 20 de mayo de 1940 (Libro de Actas Nº 1, página 62).
4 Publicada en el Boletín de la Misericordia del pasado año 2009, en la página 27.
5 Comunicación de oficio al Presidente de la Comisión de Restauración de la Agrupación de Cofradías de Málaga de fecha 7 de Agosto de 1937. Archivo de la Misericordia. Colección de Copias Documentales. Carpeta 1610-1983.
6 Véase: Apuntes (IX) para la Historia de la Misericordia. En “Misericordia”, Boletín nº 15; año 2009; p. 26.
7 Mateo Avilés, Elías de. Las Víctimas del Frente Popular en Málaga. La “otra” memoria histórica. Málaga, Arguval, dl. 2007; p. 60
8 Estrada y Segalerva, J. L. Efemérides Malagueñas. Málaga, s. e., 1971. Vol. IV; p. 259
9 Fotografía cedida por D. Elías de Mateo Avilés, y publicada en: Las víctimas del Frente Popular en Málaga…; p. 47.
10 Su cadáver fue reconocido por su hermana Ana en la Fosa nº 2 del Cementerio de San Rafael, donde fue posteriormente llevado. Pedro Sánchez Trujillo. Relación de Presuntos Mártires malagueños 1935-1937. Original mecano-escrito inédito; pp. 14 y 15. AHN. Legajo 0571 Folio 00000361.
11 Jiménez Guerrero, José. La encrucijada de los Años Treinta. En: VVAA. 75 años de la Agrupación de Cofradías 1921-1996. Málaga, Agrupación de Cofradías, 1997. p.168.
12 Acta de Junta de Gobierno de 19 de Junio de 1938 (Libro de Actas Nº 1, página 8). En ella se dice textualmente: “…El Sr. Carmena (era el H. Mayor) dice que ha cambiado de parecer y que para la adquisición del Cristo es mejor esperar a que termine la guerra y que ya saldrá algún valor que se comprometa a reproducir lo que fue el Santísimo Cristo de la Misericordia…”. DOC-3.
13 Entre otras entidades, la Asociación de Comerciantes de Málaga, entregó un donativo de 500 pesetas a la parroquia para ayudar a su reconstrucción. Diario “Boinas Rojas” N º 390. Domingo 15 de mayo de 1938, página 2.
14 Diario “Boinas Rojas”. N º 396 del Domingo, 22 de mayo de 1938, página 10.

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