Historia de la Cofradía

Apuntes para la historia VIII

 El tiempo, no transcurrió plácidamente en los últimos años de la década del veinte. Superada la profunda crisis interna acontecida –como ya tuvimos ocasión de ver en el último boletín- la cofradía se propuso crecer en número de hermanos, y mejorar en lo posible lo exiguo del patrimonio entonces disponible. Burgueses recién entrados en la cofradía, junto con nuevos y dinámicos hombres de negocios, le dieron a la misma un nuevo aire más sofisticado y lujoso, sin perder ese carisma popular persistente con el que el barrio de El Perchel impregna todo lo suyo.

El esfuerzo patrimonial realizado fue muy importante. Se modificaron las túnicas y compraron túnicas nuevas; fueron adquiridas por ella o donadas a la cofradía, una gran cantidad de enseres procesionales (mazas, blandones, bastones, candelabros, y otros) por hermanos y simpatizantes. Además de que -como era habitual en la época- las cofradías existentes se prestaban todos aquellos enseres de lo que no tenían

Se cambiaron los antiguos y pequeños tronos procesionales de las Sagradas Imágenes por otros dos de mayores dimensiones que le fueron solicitados al prestigioso escultor valenciano Pío Mollar. El trono de la Virgen pronto concilió abundantes parabienes y fue considerado por todos, como un trono de bellísima y equilibrada factura. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con el nuevo trono del Cristo, que concilió más críticas negativas que positivas, por lo que pronto estuvo sujeto a un profundo proceso de reformas que duraron varios años, y que consiguieron -solo en parte- mejorar su estética a los ojos de los hermanos de la cofradía.

 En definitiva, fueron unos años difíciles, pero que supusieron un evidente avance. La cofradía fue fortaleciéndose poco a poco, con el concurso de todos, en una época políticamente convulsa y socialmente complicada, que afortunadamente no le afectó demasiado. Como ya sabemos, en estos años, sucedió el cambio de la denominación en la advocación de nuestra Sagrada Titular. Cambió su antiguo nombre de Ntra. Sra. De los Dolores, por el de Ntra. Sra. Del Gran Poder. Un cambio, que aunque no se generalizó hasta algunos años más tarde, puede documentarse que ocurrió a lo largo de 1926[1].

El decenio de los años 20 terminó con la gran depresión económica de 1929, y el derrumbe de la dictadura de Primo de Rivera, y fueron convocadas elecciones municipales para el 12 de abril de 1931 por el General Berenguer. La victoria de los republicanos en dichas elecciones, llevó el 14 del mismo mes, a la proclamación de la República, y con ella, la caída de la monarquía y el exilio del Rey Alfonso XIII. La proclamación de la República en Málaga, vino acompañada de algunos alborotos callejeros, que fueron poco a poco subiendo de tono drásticamente, hasta que en el mes de Mayo, se desencadenaron una serie de incendios en muchas ciudades españolas, aunque los que revistieron mayor gravedad fueron los ocurridos en las ciudades de Madrid y Málaga.

Creo que ya está suficientemente estudiado la quema e incendios de iglesias e instituciones religiosas de nuestra ciudad. Las causas que los motivaron. Las consecuencias que tuvieron. Quienes fueron sus autores, y quienes sus cómplices. Por ello, me limito a remitir al lector a la bibliografía especializada disponible[2]. Sólo, dejar claro que creo sinceramente que ha quedado ya demostrado que la quema de las iglesias y conventos no fue un hecho aislado, ni espontáneo, sino más bien lo contrario. Estuvo perfectamente planificado y dirigido, y contó para ello, con la necesaria colaboración de algunas de las autoridades de la ciudad en aquellos momentos, especialmente de las militares, que consintieron con su actitud que ocurrieran los mismos.

Nuestra iglesia del Carmen sufrió mucho. Prácticamente fue destruida en su totalidad, aunque no fue incendiada, sino que los grupos de asaltantes fueron metódicamente altar por altar, estancia por estancia, destruyéndolo todo a base de golpes de hacha, maza y martillo. Los muebles, las imágenes, los retablos de madera y escayola, todo fue destruido concienzudamente. Las cortinas arrancadas, las ventanas destrozadas, el mobiliario de bancos y sillas desarmados. Y los trozos de todos aquellos objetos, fueron dejados amontonados algunos en el interior de la iglesia, componiendo un paisaje desolador que movió las conciencias de muchos y rompió el corazón de muchos creyentes percheleros, como bien demuestra la fotografía de lo que fue nuestra Capilla que acompaña a éste trabajo, y que fue tomada unos días después del asalto[3]. Otros, fueron sacados a la puerta de la iglesia, y al cruce de las cuatro calles, en Calle Ancha, donde se organizaron hogueras.

En el interior nada quedó en pié. Solo se salvaron la imagen de Nuestra Señora del Gran Poder, gracias al valor y al arrojo de los hermanos Olmo que se la llevaron a escondidas, y las pinturas que estaban colocadas en las partes altas de la iglesia, y porque los atacantes no pudieron llegar a ellas debido a la gran altura en la que estaban colocadas[4]. En las zonas bajas, nada se salvó. Quedaron destruidos el Altar Mayor, y las capillas de San Juan de la Cruz, de San Elías, del Cristo de la Columna, de Santa Ana, la Capilla de Ánimas con el Cristo de la Buena Muerte; la de San José, Santa Teresa, nuestra Señora de los Dolores, la de la Purísima, la de San Juan Nepomuceno, la Capilla Bautismal y por supuesto, la del antiguo Sagrario o de la Misericordia[5].

Aunque los asaltantes tuvieron mucho cuidado de no destrozar los objetos para culto de oro y plata. Esos no. Esos no fueron ni a la hoguera, ni entregados a las autoridades. Esos fueron a parar a los bolsillos de aquellos desalmados que los robaron en su totalidad descaradamente, dada la total ausencia de las fuerzas de seguridad, que se suponía debían de custodiarla.

Unas de las preguntas que hasta ahora no han tenido una contundente respuesta, ha sido la de porqué no fue incendiada la iglesia del Carmen tal como lo fueron muchas otras. No es fácil hallar una respuesta clara. Tradicionalmente, se ha venido contando que el motivo fue la cercanía a la iglesia –a ambos lados de la misma- de sendos depósitos de aceite y de alcoholes para vinos, pero esto no está suficientemente contrastado. Es más que posible, que el verdadero motivo fuese la negativa de los vecinos del barrio del Perchel a que fuera incendiada por miedo a que el fuego pasase a sus viviendas, que estaban muy cercanas. Lo cierto, es que fuese ese u otro el motivo, la Iglesia del Carmen no fue pasto de las llamas, por lo que no perdió su antigua techumbre barroca y siguió conservando algunas -muy pocas- de las yeserías decorativas de las zonas superiores.

Una vez pasados los gravísimos incidentes, a los vecinos del barrio y a la iglesia diocesana no le quedaba otra que proceder a la reconstrucción de la iglesia, y de todos aquellos elementos necesarios para abrirla de nuevo al culto. Y esto nos da pié para hablar de otra cuestión que nos afecta directamente a la Cofradía de la Misericordia. ¿Qué pasó con las imágenes que no pudieron ser salvadas del atroz ataque? Se sabe que la práctica totalidad de ellas fueron destruidas. Las tiraron desde sus altares al suelo, para allí destrozarlas en multitud de trozos.

Así desaparecieron las imágenes de la Virgen del Carmen, que estaba situada en el camarín de la nave central sobre el presbiterio. Y las de San José y Santa Teresa, en retablos cabeceros de las naves de la Palabra y de la Epístola respectivamente; como también el Cristo crucificado titulado con la advocación de Nuestro Padre Jesús de la Buena Muerte y Ánimas6; y sendas esculturas de un Nazareno atado a la Columna[7] y de una imagen de Santa Ana[8]y de otras varias más colocadas en la antigua Capilla del Sagrario, en la que tenía su sede nuestra cofradía.

Para nuestra hermandad, la gravedad de aquellos acontecimientos se vio rápidamente. Se perdieron para siempre las esculturas del Nazareno de la Misericordia y la del Crucificado de la Buena Muerte, y además se perdieron la mayoría de los enseres procesionales. En aquella coyuntura política, ya era bastante con salvar la vida, nadie se planteaba procesionar por las calles hasta que no cambiaran las cosas. Aunque el listado de lo que la Cofradía de la Misericordia perdió en aquella desgraciada fecha ya ha sido hecho público[9], me parece sumamente interesante incorporarlo a este trabajo, para su conocimiento preciso por parte de todos los hermanos cofrades. Estas fueron las pérdidas, y su valor real declarado ante las autoridades:

En la sección del Cristo:
1 Cruz-Guía
150 pesetas
4 Bocinas con paños bordados (a 250 pesetas cada unidad)
1.000
8 Mazas (a 25)
200
6 Bastones (a 40)
240
10 Bastones (a 60)
600
1 Guión con placa de plata
500
22 equipos de nazarenos de insignias (a 150)
3.300
100 Equipos de penitentes (a 30)
3.000
1 Bandera
400
1 Estandarte
350
16 Equipos de Mayordomos (a 500)
8.000
5 Campanillas (a 40)
200
1 Trono del Stmo. Cristo
15.000
52 Equipos de portadores de trono (a 20)
1040
1 Túnica del Cristo bordada en oro del siglo XVIII
100.000
1 Enaguas del trono del Cristo
120

En la sección de Virgen:

1 Guión
250
1 Guión
250
4 Bocinas (a 250)
1.000
8 Mazas (a 25)
200
6 Bastones (a 40)
240
10 Bastones (a 60)
600
21 Equipos de nazarenos de insignias (a 150)
3.150
100 Equipos de penitentes (a 30)
3.000
1 Bandera
300
1 Estandarte
250
16 Equipos de Mayordomos (a 500)
8.000
5 Campanillas (a 40)
200
1 Trono de la Stma. Virgen
25.000
1 Manto bordado de oro en terciopelo negro
4.000
1 Palio bordado en oro sobre terciopelo negro
3.000
24 Piezas de Candelería de metal plateado (a 40)
960
4 Ánforas de Trono (a 75)
300
60 Equipos de portadores del trono (a 20)
1.200
1 Enagua del trono de la Virgen
120
El vestuario completo de la Virgen
800
 

Total de pérdidas de enseres en las dos secciones: 186.670 pesetas

Si a lo anterior le añadimos que la imagen del Cristo de la Misericordia estaba tasada en un valor aproximado de 400.000 pesetas (al menos ese dinero fue lo que ofreció un extranjero experto en arte que quiso comprarla unos años antes de su destrucción), nos da un valor total de pérdidas en la cofradía de:

586. 670 pesetas

Toda una fortuna para aquella época, y que explica el por qué no se procesionó después de la fatídica fecha del 12 de Mayo de 1931. Prácticamente, salvo la Santísima Virgen, no quedó nada que pudiéramos procesionar.

Manuel Molina Gálvez
Archivero-Cronista.
1 En el archivo de la cofradía, se conservan documentos oficiales de la misma (recuperados del archivo de la Subdelegación del Gobierno) como saludas, etc. donde queda claro que en este año ya había tenido lugar el cambio en la advocación.
2 Entre otras obras: José Jiménez Guerrero “La quema de los conventos en Málaga: Mayo de 1931”; J. Escolar García “Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 de mayo de 1931. Un reportaje histórico”; A. García Sánchez “La segunda república en Málaga, la cuestión religiosa. 1931-1933”, etc.
3 Las fotografías, son del Archivo Fotográfico de D. Juan Temboury, depositado por su familia en la Biblioteca “Cánovas del Castillo” de la Diputación Provincial de Málaga: 67- 3.113-C
4 Pero incluso ellas recibieron algunos daños unos años más tarde, cuando fueron tiroteadas desde el suelo en los primeros meses de la Guerra Civil por los milicianos al servicio de la República.
5 Que además de la destrucción del Cristo, sufrió una devastación completa de todos los elementos artísticos que la decoraban, entre los que cabría destacar el meritorio y bellísimo retablo barroco de madera simulando mármol que cubría las paredes de la Capilla.
6 Titular que fue de esa cofradía, y que había llegado a la Iglesia del Carmen en 1883 procedente de la Iglesia Parroquial de San Pedro, para unirse en 1884 con otra cofradía también llegada de la misma sede: la de Ntra. Sra. De los Dolores.
7 Que había sido procesionado por una misteriosa cofradía solo dos años en el siglo XIX y que en 1931 se encontraba en un altar ubicado en la nave de la Palabra. Recientemente, restos de esta imagen (la cabeza y torso) han aparecido en una casa rural de Vélez-Málaga, adonde la había llevado y conservado hasta su muerte, uno de los milicianos asaltantes de la iglesia, que se la había llevado.
8 En otro altar distinto de la misma nave antes citada.
9 Jiménez Guerrero, José. “La encrucijada de los años 30”, contenido en:“75 años de la Agrupación de cofradías 1921-1996”. Málaga: Agrupación de Cofradías, 1997; p. 205.

 

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