En el recuerdo el CL Aniversario

Terminadas ya las actividades programadas para la celebración de nuestro 150 Aniversario fundacional, me dirijo a vosotros, hermanos de la Misericordia,

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Domingo XXXIII T. Ordinario

El Señor llega para regir los pueblos con rectitud (Sal 97)



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Agenda Cofrade

Día 4 de Noviembre. A las 20,00 horas, celebración de la Eucaristía en honor de Ntros. Sagrados Titulares en su capilla.

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Domingo 2º de Adviento. 2016

“Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada” (Is, 11, 10)

Son muy hermosas todas las lecturas del Profeta Isaías que profetizan sobre la llegada del Mesías. La que hemos escuchado hoy lo es especialmente. El que esperamos será justo y dará paz a la tierra y los conflictos desaparecerán. Nuestra esperanza es saber que todo el contenido de la Escritura, del Antiguo y del Nuevo Testamento, profetizado en torno al Mesías se cumplirá.

No es una utopía o un bello texto de ficción lo que nos dice Isaías, sino que se ha de cumplir. Por eso, con gran alegría, en algún rincón de nuestra alma y de nuestra inteligencia pervive la esperanza de que todo sea así cuando el Señor vuelva. ¡Ven, Señor Jesús!

“Y brotará un retoño del tronco de Jesé y retoñará de sus raíces un vástago” (Is 11, 1). Con esa imagen Dios llama a la esperanza en este periodo del Adviento. Isaías se dirige a los hombres de su tiempo. No todo está perdido, les dice. De ese madero carcomido y viejo brotará un vástago, de ese pueblo deportado y dividido surgirá el Mesías que salve a la humanidad entera.

Y el milagro se realizó: el más grande milagro que jamás pudo soñarse. Del tronco podrido de Jesé, de la humanidad caída y muerta, brotó el hombre más perfecto de todos, el que al mismo tiempo es perfecto Dios... Jesús nació en medio de la noche y el recuerdo de este hecho crucial para todos nos ha de reanimar, nos ha de despertar de nuestro sueño, nos ha de impulsar a la esperanza, a mirar una vez más con amor y confianza a esa rama verde, Cristo nuestro Señor, que brota pujante del antiguo tronco de Jesé. Sólo en Él está la libertad, el amor, la paz, la alegría... Nosotros también queremos caminar hacia Él, cambiar nuestras rutas perdidas y orientarlas con decisión hacia Él.

• El Adviento es un período de conversión, de cambio de conducta... Hemos de entrar en este movimiento que la Iglesia alienta esperanzada. Hemos de pararnos a considerar cómo marcha nuestra vida, hemos de hacer una revisión a fondo en el motor de nuestro espíritu. Ponerlo a punto, con el deseo y la ilusión renovada de caminar hacia Cristo, de vivir siempre de cara a Dios.

• El Adviento, por ser tiempo de esperanza…también es época de poda. De cortar aquellas ramas que, en el tronco de nuestras personas, pesan o aparentan más de lo que son, sobran o no dan fruto, son frondosas por fuera...pero quién sabe si no están huecas por dentro.

• El Adviento, nos sugiere vivir en esperanza y, por eso, con alegría y con penitencia; ¿Acaso, el Señor, no merece que -aquello que desafina y no está atinado en nuestra forma de ser- sea cambiado para que su Nacimiento sea algo real y palpable en lo más hondo de nuestras entrañas?

Juan, el Bautista, es la voz que nunca se cansa. El pregón en el inmenso desierto en el que muchos se han perdido. El grito que no pretende otra cosa sino la felicidad de la humanidad; la vuelta a Dios de aquellos hombres y mujeres que, confundidos por el ruido del mundo, necesitan escuchar un dulce mensaje: ¡Dios viene a salvarnos!